jueves, 20 de febrero de 2014

Dulce ángel

En mi pecho llevo 
negras tempestades 
y una pena honda 
que no entiende nadie. 

¡Que no piense, dicen 
y que ya no cabe 
recordarla tanto, 
que me olvide y cambie! 

Pero yo la sueño 
como aquella tarde 
que llegó tan frágil, 
y el dolor me parte. 

Llegó sin aliento 
como un dulce ángel, 
la que un tiempo fuera 
sangre de mi sangre. 

Y no pude verla, 
y no pude darle 
ni siquiera un beso 
para consolarme. 

Y mi desconsuelo 
Fue tan fuerte y grande, 
que te pido y rezo 
mi “Virgen Del Valle”, 

que le des aliento 
y que tú la abraces 
y le des un beso 
cual fueras su madre. 

R. Bersabé 

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